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Subsidio a los agromercados: ¿quién lo paga en El Salvador?

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El programa de Agromercados en El Salvador, impulsado por el gobierno como parte de su estrategia de seguridad alimentaria, ha captado la atención tanto por su impacto en los precios de productos básicos como por el significativo subsidio estatal que lo respalda. Esta iniciativa, concebida para mitigar el alza en los precios de alimentos y garantizar el acceso a productos de primera necesidad a bajo costo, se ha expandido en los últimos meses con más puntos de venta y una creciente asignación presupuestaria.

A lo largo del año, el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) ha canalizado millones de dólares al programa con el propósito de asegurar la logística, distribución y comercialización directa entre productores y consumidores. Esta inversión busca eliminar intermediarios y permitir que las familias salvadoreñas accedan a alimentos frescos a precios considerablemente menores que en mercados tradicionales o supermercados.

Actualmente, existen más de medio centenar de agromercados distribuidos en distintos municipios, incluyendo zonas rurales y urbanas. En ellos se ofrecen productos como frutas, verduras, granos básicos y lácteos, a precios que se mantienen estables pese a las fluctuaciones del mercado. Esto ha sido posible gracias al subsidio que cubre transporte, almacenamiento y, en algunos casos, la compra directa a agricultores.

Aunque la iniciativa ha sido acogida favorablemente por algunos sectores de la sociedad, no ha estado libre de comentarios negativos. Para varias personas, que estos mercados funcionen con fondos del gobierno genera dudas sobre la viabilidad del programa y su impacto verdadero. Estudios recientes indican que una parte considerable de la sociedad jamás ha realizado compras en estos sitios, lo que ha reabierto la discusión sobre si el apoyo económico realmente alcanza a aquellos que más lo requieren.

A nivel económico, varios comerciantes y pequeños empresarios han expresado inquietud por la competencia que suponen los agromercados, indicando que su sistema subvencionado altera el mercado y hace difícil competir en términos equitativos. Por su parte, el gobierno sostiene que el programa desempeña un papel social crucial en un contexto de inflación regional y aumento de costos de insumos agrícolas.

Los recursos asignados provienen de partidas regulares y de ajustes presupuestarios autorizados por la Asamblea Legislativa. Estas transferencias han incorporado incrementos de hasta 40 millones de dólares, los cuales se han empleado para expandir la cobertura del programa, mejorar la logística e incluso crear nuevos puestos para el personal operativo.

En paralelo, el MAG ha rediseñado algunos de sus programas de apoyo agrícola, como el bono para productores, con el objetivo de integrarlos a la dinámica de los agromercados. La idea es que más agricultores pequeños se sumen como proveedores y, de esa manera, garantizar el abastecimiento de los puntos de venta.

Expertos en política pública y desarrollo agrícola han advertido que si bien el impacto inmediato del programa puede ser positivo para el consumidor final, en el mediano plazo será necesario establecer mecanismos más focalizados para evitar un subsidio indiscriminado que beneficie a sectores que no lo requieren. También señalan la necesidad de fortalecer la producción nacional para que el abastecimiento no dependa de importaciones.

A pesar de las dificultades, las autoridades han reafirmado su compromiso de sostener y ampliar el sistema de agromercados. Desde las entidades encargadas, aseguran que el objetivo es fortalecer un modelo de distribución que integre eficiencia en la logística, respaldo al productor local y opciones asequibles para las comunidades más necesitadas.

En este contexto, el programa se ha convertido en uno de los ejes más visibles de la política social del Ejecutivo, aunque su futuro dependerá de su capacidad para equilibrar los beneficios sociales con criterios de eficiencia económica y transparencia en el uso de los recursos públicos.

Por Sergio Montalbán

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